Religioso español; nació en Sevilla y murió hacia 1582. Profesó en la Orden de San Jerónimo y la abandonó más tarde para poder difundir la Palabra de Dios sin impedimentos.
Publicó en 1569 la primera traducción castellana de la
Biblia, versión que sirvió de base a la de Cipriano
de Valera.
Era monje jerónimo de San Isidro, de donde salió al mismo
tiempo que Cipriano de Valera y que Antonio del Corro (autor de la
Epístola al Rey de España). Fue
recibido amablemente en Inglaterra y tuvo la alegría de recobrar allí a sus
parientes más allegados que pudieron escapar de la Inquisición española.
En Londres presidió durante un tiempo la congregación de los
fugitivos.
Habiendo abandonado Inglaterra pasó a Estrasburgo, donde trabajó
firmemente para terminar la traducción de la Biblia iniciada por Juan
Pérez de (la) Pineda, que a su vez aprovechó los trabajos de traducción al
español de la Biblia, iniciados por Francisco de Enzinas y por Juan de
Valdés, trabajo el de Pérez, que aún el erudito
Menéndez y Pelayo reconoció como: "el mejor en la lengua
castellana" y para cuya impresión había dejado un legado.
Casiodoro se trasladó a Basilea, Suiza, donde en el año de 1569,
publicó la tan esperada traducción de toda la Biblia al español. Esta edición
recibió el nombre de la "BIBLIA
DEL OSO" porque aparecía en la portada una marca de
imprenta, con la imagen de un oso intentando alcanzar un panal de miel.
Los líderes cristianos y el Consejo Municipal de Basilea habían
apoyado su obra con todas sus fuerzas, y como muestra de gratitud, Casiodoro
dedicó un ejemplar a la Biblioteca de la Universidad de
Basilea. Se tiraron de esta primera edición 2,600
ejemplares, pero a pesar de los obstáculos que había para su venta, en 1596 ya
se habían agotado totalmente.
Habiendo concluido su gran obra en Basilea, salió Casiodoro de esta
ciudad y se dirigió a Francfort, Alemania, ciudad donde tuvo buena acogida, e
incluso se le hizo ciudadano de honor. Desde allí fue a Amberes, Bélgica, para
encabezar en 1579 la congregación de los franceses que se habían adherido a la
Confesión de Augsburgo, iglesia que
reorganizó y en la que desplegó una gran actividad.
Cuando Amberes cayó en manos de Alejandro Farnesio (español opositor
de los emancipados de Roma) en agosto de 1585, dejó esta ciudad y volvió a
Francfort, donde su figura fue muy respetada entre los cristianos que habían
emigrado a Holanda, sosteniéndose por su propio trabajo con un comercio de sedas
que estableció. Algún tiempo después, teniendo más de setenta años, fue elegido
pastor auxiliar en la iglesia de Francfort en 1593. Todavía ocho meses pudo
ejercer su ministerio, hasta que durmió en el Señor el 15 de marzo de 1594. Su
hijo Marcos fue, dos años más tarde, elegido sucesor de su padre.
Fue hasta 1601 que apareció impresa una obra que
Casiodoro de Reina había escritó en Londres durante 1559: la
"Confessión de Fe christiana, hecha por ciertos fieles
españoles, los quales, huyendo los abusos de la Iglesia Romana y la crueldad de
la Inquisición d'España, dexaron su patria, para ser recibidos de la Iglesia de
los fieles, por hermanos en Christo"
(Cassel, 1601).
La Biblia de Reina no fue la primera versión completa de las Sagradas
Escrituras en español. Existía la versión de Alfonso el Sabio de 1260, pero ésta
tenía ya entonces un valor meramente histórico .
Los judíos de Ferrara habían editado todo el Antiguo Testamento en castellano en
1553, pero era esa una versión de difícil lenguaje, por ser demasiado literal.
El Nuevo Testamento ya había sido vertido al español por Enzinas y por Pérez de
(la) Pineda con anterioridad a que lo hiciera Reina.
Aparte del texto original y las versiones latinas, al hacer su
traducción tuvo Casiodoro de Reina a la vista los trabajos anteriores de Valdés
(por ejemplo, sus Salmos en español), de Enzinas, y de Pérez de (la)
Pineda, así como la Biblia Ferrariense.
La versión de Reina es todavía hoy la más usada por los cristianos de
habla española, con las ligeras correcciones que hizo en ella Cipriano de
Valera. Ha sido durante siglos la única traducción en español asequible, y es
reconocida aún por los de Roma, como superior a las dos versiones suyas, la
versión de Scío (1793), y la editada
por Torres Amat (1825, traducción de
José Miguel Petisco), ambas más tardías y únicas hasta tiempos muy recientes.
Estos trabajos, al igual que todos los anteriores autorizados por Roma para
cualquier otra lengua en uso, diferente del latín, fueron obligada y
rigurosamente traducidos con apego completo a la
Vulgata, obra del temperamental
Jerónimo, y no con apego a los textos originales (griego y hebreo), aún a
sabiendas de que, como lo había declarado ya Fray Luis de León, y por lo cual
había estado preso durante cinco años, esa versión realizada por Jerónimo,
contenía errores.
Notas sobre versiones bíblicas en español: Hasta 1944 se publica la
primera versión católicoromana en español que hubo de cotejar los textos hebreo
y griego: la versión Nácar-Colunga
(previamente, en catalán había salido otra versión semejante en 15 volúmenes,
durante 1928-1947, y en Chile, Jünemann en 1928 había publicado un
NT basado en el griego, pero no fue
sino hasta 1992 que publicaron completa su versión de la Biblia), poco después
se editó la de Bover-Cantera (1947),
y en 1948-51 la de Straübinger, quien
en sus 36 páginas introductorias tampoco habla nada acerca de la Salvación
por Gracia en Cristo Jesús, ni del don de espíritu santo.
Posteriormente se editan otras versiones más:
Franquesa-Solé (1968);
La Nueva Biblia Latinoamérica
(1972-74, de Ricciardi-Hurault);
La Biblia de Jerusalén (1975); la versión popular
Dios llega al hombre, del
CELAM en colaboración con las
Sociedades Bíblicas Unidas; el Nuevo
Testamento de la (1966),
etcétera...
Otras versiones en español no citadas previamente son las siguientes:
El Libro del Pueblo de Dios (1981, de
Levoratti y Trusso, de Argentina, interesante versión católicoromana que se
apega al canon hebreo); La Nueva Biblia
Española> (edición de Schökel-Mateos de 1975, con
traducciones amplificadas de acuerdo al uso actual, que ellos las llaman:
La Santa Biblia, versión de Evaristo
Martín Nieto, de 1964; La Biblia de América,
de 1994; La Biblia Americana "Sn.
Jerónimo" (de 1994, la 3era. edición de la versión de
Scío, pero se alega haber cotejado
ahora sí los textos griegos y hebreos); incluso por ahí anda alguna versión en
un español no familiar, traducida
"directamente": ¡del Inglés!, es
la Traducción del Nuevo Mundo, cuya
edición original final se publicó en 1960, y: "las
ediciones en otros idiomas se han basado en la traducción al
inglés", según dice textualmente un libro publicado en
Brooklyn en 1989 por la Watchtower,
la editora de esa versión y sede de los Testigos de Jehová;
La Biblia de las Américas (versión en español, tomada
directamente... ¿de la NASB en inglés?);
La Biblia Hispanoamericana; la
Biblia, en versión de Juan José de la
Torre (Herder); la Biblia de la
Casa de la Biblia; la
Biblia del Peregrino, de Schökel (que
con 60 % de comentarios pareciera ser más bien la Biblia del religioso erudito);
la Biblia al día (que es una
paráfrasis); La
Nueva Versión Internacional (de la
que se puede descargar el NT, y Salmos-Proverbios)... y el
Nuevo Testamento Interlineal
Griego-Español de Francisco Lacueva, herramienta muy
recomendable para el estudioso bíblico, acompañada del
Léxico-Concordancia de Jorge G.
Parker.
Se observa claramente que aquellos que no querían versiones en
español (ni en ningún otro idioma fuera del latín), finalmente autorizaron no
una, sino muchas versiones de la Biblia (después de las duras lecciones dadas
con la Vulgata), y el hecho de que ahora haya muchas versiones de la
Biblia en español es bueno para los estudiosos y eruditos, quienes las cotejan
para una mejor apreciación de las palabras o frases que comuniquen en nuestro
idioma, el sentido de los idiomas originales.
Pero para las personas católicoromanas no eruditas que hablan español
(las mayorías), no existe un lenguaje bíblico común con el cual estén
uniformemente familiarizadas, ni una enseñanza bíblica sólida y sistematizada.
Los grupos no católicos, al menos en su mayoría, ya están en el ciertísimo
entendido de que son salvos por gracia, al hacer a Jesucristo El Señor de sus
vidas, por la obra completa y perfecta que él realizó, al obedecerle a
Dios y al dar su vida por nosotros, para entonces ser resucitado por
Dios. La obra perfecta de Jesucristo, supera con mucho a cualquiera de las
grandes obras que nosotros pudiéramos alguna vez hacer o haber hecho. Saber esto
y creerlo, es una gran ganancia que sería hermoso que muchos
compartieran.
En la portada de la primera versión en español de la Biblia traducida
por Casiodoro de Reina en 1569 se encuentra la siguiente escritura, tanto en
hebreo como en español:
"La Palabra del Dios nuestro
permanece para siempre"
Isaías 40:8.
En los primeros siglos de nuestra era, estaban en uso hasta cuatro
traducciones o versiones griegas del Antiguo Testamento y varias traducciones de
la Biblia completa en latín, arameo, y en otros idiomas.
Sin embargo, durante la Edad Media las autoridades religiosas romanas
no permitían hacer revisiones, de modo que la
Vulgata (traducción latina hecha
principalmente por Jerónimo, y cuyo nombre expresa su supuesto propósito de
llegar al vulgo, es decir, al pueblo común) y la
Peshita (traducción aramea cuyo
nombre significa "sencilla") dejaron
gradualmente de ser entendidas.
En cuanto a las versiones de la Biblia en castellano, Reina hizo la
primera traducción de toda la Biblia, basada en los idiomas originales. Utilizó
las parciales que ya existían (del Nuevo Testamento, del Antiguo, o de parte de
ellos), como las de Juan Pérez (español), de Ferrara (judeo-español), y de
Santes Pagnino (en latín).
Después de diez años, Cipriano de Valera se abocó a la tarea de
revisar la obra de Reina, y el resultado de su labor fue publicado en 1602 bajo
su nombre. Durante 300 años su obra y las revisiones subsecuentes llevaban sólo
el nombre de Valera, pero las publicaciones del siglo XX asocian su labor con la
de Reina, por lo que ahora la llamamos Versión Reina-Valera de la Biblia.
Revisiones posteriores a la de 1602 a las que ha sido sometida, han
sido en: 1858, 1862, 1865, 1874, 1883, 1890, 1909, 1960, 1977, 1989, 1996, las
cuales han contribuido a que la Palabra milenaria sea siempre la Palabra
oportuna en español para cada generación.
En la traducción de
1569 Reina utilizó los últimos adelantos de las
ciencias bíblicas. Por ejemplo, usó la división del Nuevo Testamento en
versículos, que había sido introducida en forma impresa sólo unos pocos años
antes (1550), y lamentó que una nueva publicación Peshita le hubiese llegado
demasiado tarde para poder tomarla en cuenta.
Reina, en la introducción de su Biblia, reconoce con humildad que
otros después de él podrán mejorar el fruto de su labor. Y siempre es así. Con
los cambios en la manera de hablar de los pueblos, aparecen nuevas palabras y
nuevos significados para las palabras existentes, pasando otras al
desuso.
Es sorprendente ver cuantas ayudas Reina incluyó en su Biblia de
1569. Reconociendo que los manuscritos que le servían de base no siempre eran
absolutamente iguales, puso referencias en el márgen, y a veces, incluyó otras
traducciones posibles. También fue él quien les puso subtítulos a los
capítulos.